Una cuestión de actitud - Marcela Pereyra

No soy amante de utilizar historias personales pero en este caso, relatar algo que me pasó hace algunos años considero que ilustra muy bien algo que me interesa transmitir. Podría haberle pasado a cualquiera… pero me pasó a mí.
Era una tarde de otoño muy gris, con algunas gotitas intermitentes de lluvia.

Hora de ir al gym a tomar mi clase de Pilates antes de comenzar con la consulta. Adopté el hábito de ir al gimnasio un mínimo de tres veces por semana desde hace muchos años, un “vicio” muy saludable y las clases de Pilates de aquel gimnasio del centro de Quilmes perteneciente a una cadena muy importante, eran IMPRESCINDIBLES!

Habíamos formado un grupo sólido de alumnas seguidoras de Rubén, nuestro querido profesor de aquel entonces aunque, nobleza obliga, de todos los profesores con quienes he tenido la suerte de coincidir en esa institución me ha quedado un grato recuerdo y mucho aprendizaje. Bueno, no era de ello de lo que quería escribir, entonces retomo la historia: el gym del que hablo quedaba a 20 min de bicicleta de casa, así que me preparo con tiempo y me visto con un conjunto deportivo de algodón blanco. El color blanco le sienta bien a ese tipo de clases puesto que, si bien es una disciplina en la que el trabajo corporal es fuerte, tiene una ambientación que, acompañada de música suave, apunta a centrarse en uno mismo, promoviendo la concentración, concientizando la respiración para buscar nuestra propia esencia y el equilibrio; y, en mi caso particular, me resulta fácil asociar toda esa dinámica al color blanco.

Salgo de casa con la bicicleta y el bolso deportivo camino a mi ansiada clase, aprovechando el hecho de que no llueve para disfrutar del paisaje dorado que regalan los árboles en esta época del año.

Llego a destino y me dispongo a bajar al parking que se encuentra en el subsuelo como hago siempre, bajando a velocidad libre con la bicicleta por la rampa. Lo hice, aunque en ese momento descubro que no había puesto la suficiente atención a las condiciones climáticas. La rampa estaba húmeda y el suelo del parking también, con el agregado de restos de aceite que dejan los coches, lo que dejaba como resultado un resbaloso final enlodado para mi frenada. Cuando intento poner freno a la aventura, la bicicleta no responde y en un enredo de manillares, cables de freno, bolso deportivo, piernas y brazos vestidos de blanco acabamos deslizándonos por el suelo.

La caída fue dolorosa, pero lo que más salió dañado del episodio fue mi autoestima. Cuando logré liberarme del enredo con la bici, me pongo de pie y una vez comprobado que los daños materiales no eran graves (no se había roto nada, ni mi bicicleta ni yo) decido al borde de las lágrimas volver a mi casa, después de semejante humillación no podía quedarme a la clase. Ni hablar de los manchones negros que ahora adornaban mi pantalón deportivo de algodón blanco!

En el preciso instante en que en mi cabeza enuncio la decisión, logro interrogarme:

“- Has llegado al lugar que querías a hacer algo que es muy importante para ti, has invertido tiempo, ilusiones y esfuerzo, te has caído y golpeado, sí, y después de todo, además te perderás lo que tanto deseabas?

La respuesta fue inmediata, porque me he caído haré la clase. Recompuse mi cara (lo que no pude remediar fueron las manchas del pantalón), tomé aire, sonreí y llegué al salón en donde estaban mis compañeras y mi profe.

Cuando saludo con una sonrisa al entrar, luego de responder a mi saludo algunas de mis compañeras y el profesor me dicen:

” -Qué bueno que está el diseño de ese pantalón…” FIN

Creo que esta pequeña historia es un testimonio de cómo ante situaciones adversas nuestra actitud ante ellas puede provocar un giro a la situación, sé que es una adversidad nimia, pero siempre que nos encontremos ante un problema que nos parezca “sin salida”, seguro que habrá un plan B. Puede salir bien, tal vez no, quién puede garantizarlo? Lo que sí se puede garantizar es que si nos dejamos ganar por los problemas nada ni nadie nos sacará de ellos.

Si crees en algo, si sueñas con algo, sé fiel a lo que deseas, allí radica tu éxito.

“Los obstáculos son esas cosas espantosas que ves cuando apartas los ojos de tu meta” Henry Ford.